1. Lo siento: no estamos encerrados en conceptos

    Durante muchos años la Filosofía ha celebrado un cambio estructural de paradigma, el giro copernicano. La mirada del sujeto que propone Kant (1724-1804) como base fundamental de la experiencia y por eso del conocimiento, ha derivado en dos sentimientos opuestos. Un total idealismo, por parte del romanticismo alemán, con la figura de Fichte, donde el yo se convierte en un absoluto, y en un total objetivismo, con el positivismo de Comte, en donde sólo los hechos y la experiencia conforman la leyes de la ciencia, ante la imposibilidad de conocer “la cosa en sí”, el noúmeno. 

    Se puede trasladar esta dicotomía hasta principios del siglo XX, tiempos los cuales se avecinaban dos guerras, la psicología ya hacía su trabajo gracias a las aportaciones de Nietzsche, a la vez filosofía husserliana reivindicaba el estatus del discurso filosófico trazando una dura crítica al psicologismo y al objetivismo. También es a principios del siglo pasado que se da el nacimiento de la física cuántica, con Max Planck, en 1900. La idea de Planck iba sobre el comportamiento de la luz como onda, cuantos de luz, o partículas, fotones. Esta, seguida de la teoría general de la relatividad propuesta por Einstein en 1905, también pondrían de manifiesto el papel del sujeto.

    Hemos visto que en dos siglos los desarrollos conceptuales han cambiado significativamente, o lo que es lo mismo, nuestra manera de juzgar el universo y a nosotros mismos ante él y en él. No obstante, hasta la mediados de la segunda mitad del siglo pasado, no contábamos con una plataforma estable de instantaneidad de información, que es Internet. La información nos venía en un flujo más o menos homogéneo, y este monopolio -que tuvo su ápice en la segunda guerra mundial, y con los principios de la publicidad- era muy facil de darse. En los días de hoy la información es libre de ser trazada de una manera individual, creando condiciones de infinitas posibilidades de desarrollos conceptuales, dentro de una misma empatía que hace triunfar cualquier lenguaje.

    Es muy difícil -y muy poco sano, me temo- atarse, pese a estas condiciones, a una corriente específica de pensamiento y distribuir como imanes su desarrollo conceptual -y sólo su desarrollo conceptual- si por lo que de verdad nos interesamos es el comportamiento y la fluidez de la información.

    Poco nos convencerá la idea de la mera propaganda de un vocabulario específico patentado por un ideario: nos parecerá un absurdo que ante la pluralidad de desarrollos -conceptuales- a fin de nuevos cambios, atarse a un único concepto que resuma en sí a toda una red. Es la pluralidad, la diversidad, la que realmente preserva y construye un estatuto del sujeto.

    Cuando tratamos exclusivamente la filosofía, hay que tener en cuenta que si se aboga por una actitud, hay que ser esta actitud. Si una filosofía me dice que yo debo hacer una descripción como método, y en cambio no me deja este espacio sino que pretende que yo me conforme con una descripción ajena -y su vocabulario- como paradigma, no está tratando con honestidad las grandes dificultades de sus propuestas. Y una de ellas es precisamente su propia difusión. Tema que dejaré abierto para otro comentario, en otro contexo.

    En suma: una corriente filosófica, un equipo de fútbol, un adjetivo cualquiera que trate de atraparnos en una definición tal como nuestro género, la nacionalidad, edad, estados de humor, etc, todos estos son síntomas de que todavía hay muchísimo miedo de explorar lo que de verdad hay de genuíno en nosotros. Apegarse a una religión, secta, partido, que suplante nuestra pura actitud en el mundo, es no haber comprendido en profundidad lo que ocurre en un siglo en donde el mundo está -más que nunca- plenamente conectado.

    Al revés: es hacer precisamente lo que se acusaba a aquél objetivismo siglos antes tan criticado: creer que una expresión es suficiente, cuando la naturaleza interna de esta expresión es la mutación a través del entendimiento. Insistir en ello, como hacen los países, los políticos, los religiosos, familiares y muchos profesores, es de alguna manera, forzar ciertas limitaciones ficticias que sólo causan tristeza y dolor entre los pueblos. 

    No estamos encerrados en conceptos. Nunca lo estuvimos; hay incompletud. Tratamos de hacerlo, nos escondemos en ellos, nos aferramos a ellos en una febril búsqueda de sensación de permanencia. Pero en realidad también estos cambian a cada nuevo momento comprensivo.

Notes

  1. otempo posted this